
Ok, parece que como sea me tengo que poner a escribir porque:
1) no tengo nada de sueño, me siento muy lucido, no hay nadie con quien hablar… y no me interesa enumerar. Mejor contar.
¡¿Qué carajo pasa?! Llego a mi casa (departamento, yo le digo “casa”) y hay un grillo (¿¿¿???) sí, noche rarísima. De esas que por ahí llegan muy cada tanto para decirte o que la estás teniendo muuuuy clara o te mandaste cualquiera y vomitaste tu alma un rato, creo que la segunda. En principio no hice nada “productivo” en todo el día, lo cual empieza a parecerme… bien… después de unas semanas… o meses… es que hacer nada es imposible. Hoy solo tenía que dar una clase de canto y mi alumno me canceló con un mensaje de texto:
Tuve problemas y no pude dormir.
Me intrigó pero en fin, creo que nunca voy a poder conocer bien a algunas personas. Casualmente recibí otro mensaje de Leo Tribilsi, un amigo mío desde hace bastante, que decía:
¡Vamos de gira!
Interpreté que se estaría refiriendo a algo que habíamos estado hablando la noche anterior y había surgido durante la cena en un lugar al que llamamos Paninnis. La cuestión es que Leo hacía tiempo venía interesado en las pastillas o… pastis, como se le dice por aquí. Le habían pegado muy bien la primera vez que tomó en no sé que poronga de fiesta electrónica que a mi me dan por las bolas todas. A partir de ahí intentó conseguir ese cuelgue unas cuantas veces más pero por distintos motivos no podía, o había que saber de que marca eran porque determina como están hechas y no recuerdo que cosa averiguó por Internet, como sea! Me pregunta durante la cena que si le consigo pastis a través de Demián (un dealer para chetos al que yo le había comprado bastante faso en el pasado). En principio me niego solo para molestarlo pero luego decido apurarlo y decirle – está bien Leo ¿cuándo podés a la tarde? – a lo que él me contesta – nunca. Porque Leo trabaja todo el día en el negocio de sus padres, una perfumería en Laferrere. Situación que Leo detesta pero por algún motivo parece no poder dejar. Es una historia que me parece interesante por como actúa cada miembro de su familia en relación a las decisiones del otro o quizás porque lo entiendo (yo no soy tan distinto) o quizás solo porque es mi amigo. Espero que reaparezca el tema más tarde para poder hablar de su familia después, mientras el grillo cante en el living…
Le contesté que si no podía a la tarde entonces no se podía hacer nada. Entonces se da vuelta completamente y me dice – bueno, entonces mañana. Jony Blanga, otro amigo de hace bastante también atado a su familia por complejos mecanismos como muchos de nosotros, le dice – ¡cualquiera! ¿Mira lo que haces por las pastillas esas? – o algo así, ahora suena feo pero en realidad creo que todos sabemos que no somos nadie para juzgar a nadie. Nos reímos y queda ahí, nada más por esa noche, o así entendí yo. Por eso me sorprende su mensaje:
¡Vamos de gira!
Y visto que yo tampoco tenía nada que hacer lo llamé para que me explicara con más detalle su propuesta… que resultó bastante sencilla a decir verdad. Él ya había arreglado que tenía la tarde libre con sus: padres/jefes/socios/empleados/esclavos/un kilombo. Así que quería saber si podíamos ir a ver a Demián o de última se venía a la tarde a mi casa a boludear por ahí. Le dije que estaba bien y que lo llamaba a Demián para ver que onda. Demián no respondió pero Leo llegó a mi casa igual. Le mostré algunas cosas en el piano y en la trompeta porque tenía ganas de que vea mis “últimos progresos en la música” como un pendejo que saluda a sus papis desde un carrito de LA VUELTA AL MUNDO y el me mostró los suyos con otras cosas para ser dos amiguitos pendejiles que van jugando por un mundo de mierda que no vale un choto. Luego salimos al balcón a que él fume un cigarro y yo algo parecido a una tuca que había quedado de la noche anterior. Cuando entramos sonó mi celular. Nº PRIVADO, decía. Atendí y tardé un rato en identificar a Demián, hacía mucho que no lo escuchaba y además él no me ubicaba nunca aunque yo solía pensar que sí. Me preguntaba - ¿Andrés? ¿Qué Andrés? –A lo que yo solo podía decirle – Yo, Andrés, la última vez nos vimos por Palermo. Del motivo por el cual nos habíamos visto por Palermo yo no decía nada desde que me había retado la primera vez que hablé con él por llamarlo y decirle – hola, sí, me dieron este numero para comprar faso – con total inocencia aunque aquella vez yo lo había llamado a su teléfono y ahora el me llamaba desde un teléfono publico. Finalmente me ubicó o se dio cuenta que yo no era un cana o un chorro o vaya uno a saber que monstruo suburbano. Así que me preguntó si andaba por Palermo (parece que se moviese solo por Palermo) porque él iba a estar por esas calles hasta las 19:30 aprox. y le dije que no pero que podía estar por ahí. Hasta ahí resuelto. Nos vamos con Leo para el caótico, cheto y lleno de buenos culos barrio de Palermo. La ciudad, como siempre, resulta ser un desastre en el que parecíamos ser lentamente drenados hacia un centro lleno de barro y gente toda mezclada, transpirada y enferma. Apretados dentro un monstruo mecánico que se mueve a menos de la velocidad de los pies humanos entre miles de otros monstruos en las mismas condiciones, decidimos bajarnos en la primera parada posible mientras que podamos llamar a ese lugar: PALERMO. Ni bien bajamos, llamo a Demián y le informo de nuestro paradero: Paraguay y Bilingbursh (así le dice Leo a Billinghurst). Él me dice que no está por la zona pero que nos encontramos en Paraguay y Armenia en media hora. Entonces caminamos hacia allí y en el medio compramos un Mogul en un kiosco para tener monedas porque en mi ciudad es difícil conseguir monedas y los colectivos solo aceptan monedas, así que a todos les cuesta conseguirlas o compran cosas que no quieren para obtenerlas o hacen largas colas en bancos y todos se quejan pero nadie hace nada y nadie se niega a este sistema de pago y todo así de “coherente”. Llegamos a la esquina pactada, Leo pasa al baño en un barcito que lo deja y esperamos a Demián. Aparece en su camioneta mágica de sustancias y nos subimos en ella. Yo le venía hablando bien de Demián “como dealer” a Leo y él confirma lo que le contaba cuando lo conoce. No se parece a los dealers que ninguno de los dos haya conocido antes. Es más humano y hasta parece muy sincero. Deja hablar y decidir sin sentirse tan amenazado. Eso me gusta de él, quizás por eso la gente va con él aunque cobre más caro o quizás es solo porque a mucha gente le sobra el dinero y solo quiere drogarse todo el tiempo. Cuando le preguntamos por las pastis nos dice que solo tiene de las peposas. Ninguno sabía lo que eso significaba así que nos explica que existen de las peposas y de las anfetosas, “éxtasis real ya no hay en el país y si alguien más dice que te va a vender éxtasis, te está mintiendo”. Entonces me imagino que Leo se va a resignar y le va a decir que entonces nada pero prefiere pedirle 10. Yo le pregunto si tiene pepas y me dice que por el momento nada pero que recibe en estos días. Como no quería irme a casa con las manos vacías le pido faso y me da un paquete de $100 del cual yo solo quería $50 y el resto Leo accede a repartirlo por ahí. Demián nos invita el domingo a una fiesta de música Trance (más de toda esa mierda electrónica que a mi me da por las bolas). Según cuenta él, va con un grupo de 40 amigos, me imagino que debe hacer un negoción vendiendo pastis durante la fiesta. Bajamos y Leo me cuenta que le intrigan muchísimo esas fiestas de las que habla Demián, esa debe ser gente muy llamativa y extraña, es cierto. Empezamos a caminar hablando de cómo serán esas pastis que tiene en el bolsillo. Ante la intriga decidimos probar una cada uno aunque sea un miércoles a la tarde y esperamos que no nos haga bailar o “rebotar” como dicen los pastilleros visto que no estamos demasiado provistos de ningún ritmo en particular para llevarnos más que del grito perpetuo de la tarde porteña. Efectivamente no es así. A medida que se hace de noche nos vamos dando cuenta que son más parecidas a una pepa que a otra cosa. Rápidamente Leo llama a Fede Contartese porque había arreglado para ir a ensayar con él y Gus. Los ensayos de esos chicos solían ser algo completamente libre en el que cada uno podía tocar lo que quiera y pretendían conectarse entre si en ese plano de la forma más intensa posible. Entonces arreglamos para ir a lo de Fede pero damos vueltas por ahí durante media hora para darle tiempo a que se bañe. Llegamos y escuchamos algo de jazz, Kind of Blue de Miles Davis. Leo parece empezar a “viajar” pero yo nada. Pasa el rato y lo cierto es que yo no quería ir al ensayo, creo que consideraba eso “colgar demasiado” pero tampoco quería quedarme solo porque creía que si me hacía efecto iba a querer tener a alguien con quien hablar. Así que arreglo con otro viejo amigo, Gaby Freidkes, para ir a cenar a lo de Facu Saiegh donde él se encontraba. Facu, Gaby y yo habíamos formado parte de una banda en el pasado que había dejado de existir o aparecía muy esporádicamente en eructos de existencia que resultaban en un ensayo ruidoso y rockero muy poderoso y sin rumbo… Sin rumbo…
Sin rumbo…
Sin rumbo… como estas palabras… en algún punto llegué a mi casa y me encontré con el grillo… a esta altura puedo confirmar el efecto de dicha pastilla misteriosa, no es una pepa, no es una pasti, no te acelera, no te produce risa… no sé que te hace pero me tuvo aquí solo escribiendo durante todo este rato…
Me siento cansado y es tarde, creo que mañana voy a estar más cansado de lo habitual y ya no soy de esos que creen que dormir es perder el tiempo, me da placer dormir, me da placer esperar a quedarme dormido, me da placer hundirme en la almohada y el solo pensarlo me da placer… ahora que lo pienso ya no está cantando el grillo.



